Año tras año se produce la masacre más sanguinaria de estos simpáticos mamíferos: las focas.
Este año se concedieron 275000 permisos de muerte de crías de foca (bajo mi punto de vista, un acto medieval, de otra época, que se produce por personas carentes de sentimiento).
Por suerte, cada vez es más elevada la conciencia social y a favor de los animales, y miles de personas realizan protestas y recogidas de firmas para evitar que se continue con esta bárbara masacre, y todo esto tiene su recompensa.
El pasado mes de mayo, el Parlamento Europeo aprobaba definitivamente la prohibición de comercializar con productos derivados de las focas, salvo aquellos destinados a la comunidad esquimal o a los procedentes de animales cazados para mantener la sostenibilidad del mar.
Ya era hora de que llegara a Europa tal prohibición (en NUeva Zelanda, Méjico, Estados Unidos y Australia ya está prohibido), puesto que estos simpáticos animalitos suelen tener entre doce días y doce meses de edad cuando se acercan despiadados hombres provistos de garrotes para golpear hasta la muerte a estas focas que no pueden ni siquiera defenderse.

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