Desde bien pequeñito, tu perro intentara imponer su dominio mediante el gruñido, es en ese momento cuando debes orientar su carácter, y regañarle fuertemente, y dejarle claro quien es el jefe. Si no, en su vida adulta se convertirá en un perro consentido y gruñón.
Los celos están muy ligados al sentimiento de posesión del perro y a su jerarquía dentro de la familia. Existen dos formas de agresión:
-Aquella en que el ataque es contra todas aquellas personas distintas a la persona que el perro considera de su propiedad.
-Aquella en que el ataque ese dirige tanto al amo como a otras personas. En este caso, el amo tiene una jerarquía inferior, siendo el ejemplo más recurrente el que se manifiesta en personas que viven solas con su perro y en las que su vida gira en torno a su mascota. Así, el exceso de mimos y atenciones puede despertar un comportamiento posesivo y tiránico con su dueño, mientras que éste piensa equivocadamente que si le da más mimos y caprichos, el perro se portará mejor como muestra de agradecimiento.
Todo arrebato por celos efectuado contra cualquier persona debe ser reprimido contundentemente por la persona objeto de la posesión y no por la persona a la que ataca. Esta debe permanecer estática y alejada para no enfurecer más al animal.
Jamás utilices el castigo físico, si es necesario puedes tomarlo en forma suave por detrás de cuello y remecerlo de forma de mostrar autoridad. No obstante, nunca debemos perder la calma ni enojarnos al punto de golpearlo con un objeto contundente. A menudo será suficiente con una amonestación dura con voz firme y decidida, recordando que le gritan varias personas al mismo tiempo se confunde y no comprende el motivo del regaño.
Como sucede con los niños, el perro debe comprender por qué se le regaña, sólo así podrá evitar el error que ha cometido y asimilar los límites de su actitud.

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